• D. Arias

Un 25 de noviembre

Actualizado: 26 de nov de 2020


Son las siete de la mañana. Tiene los ojos abiertos desde mucho antes. Ella recuerda cuando nació. Se adelantó por varios días. Era un ser muy pequeño. Iba a necesitar de sus cuidados. Mucha comida y calor. ¿Ponerlo en incubadora? No hay como el calor de la madre, aconsejó el médico. Sí, dijo ella. Este niño es mío. El padre, mientras tanto, sintió un corrientazo por su cuerpo cuando lo reconoció. No puede ser, pensó para sí, que ese esqueleto se parezca tanto al mío.


Años después, al otro lado del mar, un hombre mira su celular. El sol saldrá a las siete y siete y se ocultará a las cuatro y cuarto. El hombre bosteza, estira los brazos. Sale de las cobijas, va al baño. Prende una luz, prepara el desayuno. Es un buen día para echar a andar los proyectos. Cumplir cuarenta en la cuarentena. ¿Cuarto piso?, le dicen. No, yo vivo en un segundo. El día anterior ha recibido su primer regalo. Un aviso colgado en la puerta del edificio: a todos los residentes, informamos que mañana 25 de noviembre habrá corte de agua entre las 9 A.M. y las 2 P.M. Lástima. Y yo que pensaba limpiar la casa al ritmo rompecintura.


Noviembre es un mes frío. Un mes oscuro allí donde vive. Nadie disfruta de aquella época. Quizás solo él, por fuerza mayor, y unos pocos estrafalarios. Atrás ha quedado el clima apacible, los colores vivos y las hojas anaranjadas de los árboles. Noviembre se lleva lo mejor del otoño y trae de vuelta las nevadas del invierno. Un tiempo gris. Un tiempo lúgubre el de noviembre. En otras partes pasan las lluvias, los huracanes. Desolación. Inundaciones. Gente sin techo.


Un 25 de noviembre se van los ídolos. Nace un futuro dictador, muere un patriarca.


Quienes caminan por la calle a las cinco de la tarde van con la sensación de que es la medianoche. Tal es la oscuridad. A veces llueve, a veces cae la nieve. Hay que andarse con cuidado: la lluvia congelada vuelve el suelo resbaloso. No son raras las caídas, los accidentes. Un hombre patina, uno, dos, y cae enseguida de espaldas patas arriba. Es una escena frecuente. Fracturas, contusiones. Personas adoloridas que llegan a los hospitales.


1960. República Dominicana. Por un camino solitario, a bordo de una camioneta, se transportan en horas de la noche tres mujeres y un conductor. Las tres mujeres son hermanas: María Teresa, Patria y Minerva. El conductor se llama Rufino. Hombres armados las detienen, las obligan a bajar. Llevan a todas a un sitio aparte. Las apalean, después las matan, igual que al conductor. Crimen de estado, dice la gente. Es el preludio de lo que viene. El final de una dictadura. De aquel suceso, años después, nace un día, el de la No violencia contra la mujer. A la orilla del camino hay un monumento. En el monumento, algunas flores. Mujeres y peregrinos se detienen con respeto. Algunos se inclinan, otros lo miran con reverencia.


En una chabola, no muy lejos del mar, un hombre viejo se asoma a la ventana. Tiene recuerdos en su cabeza. Momentos inolvidables. Inmortales. Sus hijas están lejos. Su esposa se ha ido. La gran estrella se está apagando. El ídolo abre la puerta. Respira el aire tibio. Algo le dice que no falta mucho. Que se dispone a trasegar el último tramo de su vida.


Después de todo fue solo un día.



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