• D. Arias

Última voluntad

Actualizado: may 18

En situaciones como esta, me pregunto una vez más en qué momento me metí contigo. ¿Te has vuelto loco? ¿Te has dado cuenta de lo que hiciste? ¿Por qué? Son demasiadas preguntas, lo sé. Pero es imposible no hacerlas.


Ahí están los niños sin vida, y al lado de ellos estás tú, a solo dos pasos, arañando el poco de aire que te falta para respirar. Yo, mientras tanto, descanso aquí enfrente de ellos, con pocas fuerzas para resistir. ¿Podré perdonarte? Tal vez es mucho pedir. Intento arrastrarme hacia ti, como lo hice otras veces sin resultado. Tu mano, que hasta hace poco era firme y decidida, luce ahora débil y temblorosa. Dubitativa, manchada de sangre, la sangre tuya y la mía, y también la de nuestros hijos, se estira hacia mí buscando infructuosa el contacto conmigo. ¿Qué quieres? ¿Qué pretendes?


Apenas puedo creerlo. El arma que hace un momento usaste descansa ahora inmóvil cual objeto inofensivo. ¿En qué momento dejarán de brillar tus ojos? ¿Tu corazón de latir?

Escucha el ruido de las sirenas. La ambulancia que se estaciona. El vidrio que se quiebra. La puerta que se abre. ¿Acaso tiemblas? ¿Tienes miedo? ¿Ves el vacío, la muerte, el inminente tránsito hacia la eternidad? Los hombres vienen, se acercan. Miran la escena desconcertados. Toman tu pulso, el mío. No, les digo. Por favor, no me lleven. Ellos me miran, me ignoran. No entienden de súplicas. No saben ellos que verte morir es mi consuelo. Mi victoria. Es mi última voluntad.



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